
En los días de enero de este año 2007, se dio un fenómeno bastante particular. Vimos desfilar, entre varias otras personas, a artistas reconocidos –la mayoría olvidados o fuera del medio comunicacional- desfilar vestidos de empleadas del hogar hacia las playas de la lejana y mágica tierra de Asia (es sarcasmo para el que no lo entienda), hasta llegar al mar y bañarse cual patitos en el agua. ¿La razón? Una protesta sobre el racismo imperante en las clases sociales altas que habitan estas mágicas tierras, sobre una proclama imperial de sus habitantes que prohibía a las verdaderas empleadas del hogar bañarse en sus refrescantes aguas de seis de la mañana a cinco de la tarde. Eso básicamente, y se añadió otros argumentos como abusos salariales y humanos en general. Todo esto está bien.
La pregunta que me hacía es: “Pero en la marcha, ¿por qué no veo a ninguna sirvienta, ama de llaves, o aunque sea una niñera de verdad?” ¿Alguien se dio cuenta? Inmediatamente después de esa pregunta, vino otra a mi mente: “¿Las verdaderas empleadas del hogar, se quejaron en algún momento?” Creo que no, a menos que alguien me corrija y me diga que fueron en mancha a quejarse con los protectores de las causas justas para que marchen por ellas, o que después de esto todas tomaron el valor y marcharon también con ellos o sin ellos.
Por ende, el operativo “empleada audaz” (como así lo llamaron si mal no recuerdo), decidió que sus jefes las trataban mal y eran racistas al prohibirles el ingreso a la playa a esas horas, así que marcharon y protestaron por ellas. Todo eso está bien. Ahora, luego de aquello, me puse a pensar: “¿Cuál es el horario normal, en general, de una encargada de nuestras casas?” ¿No entra más o menos en el horario de prohibición de la norma? Por lo general, uno, cuando trabaja, no puede hacer otra cosa más que trabajar, creo yo, porque si trabajo en una empresa creadora de videojuegos no me puedo poner a jugar Mario bros. o Excite bike, si trabajo en Hiraoka no me puedo poner a ver tele o a escuchar a Los Chistosos por algún costoso equipo de sonido. De la misma forma, no creo que si yo o cualquier padre o madre consciente que estuviese en la playa con su pequeño hijo, viéramos por ejemplo que la niñera encargada de este último en lugar de llevar a cabo la tarea encomendada, estuviese por otro lado bañándose alegremente en el avezado mar, no nos molestaría, puesto que no está haciendo lo que debe hacer, cuidar a nuestro hijo.
Por otro lado, se puede alegar que no es posible y no debió en todo caso establecerse esto como una prohibición general, sino que ya dependía del propio jefe si deja que su empleada del hogar se bañe o no en el mar… Pero, ¿alguien sabe de algún letrero colocado a la entrada de la playa que diga “prohibida la entrada al mar de niñeras, amas de llaves y demás” o algo similar? Yo no, y si alguien lo sabe, que me lo diga y mande una foto, o un video donde los habitantes del mágico mundo se hayan reunido para acordar tal desmadre.
Por eso me imagine todo esto, al ver a estrellas caídas y por caer, vestidas de mucama, como parte de una campaña pro-nomeolvidesdameunprogramanuevoenlatelevisión, más que una ayuda hacia el prójimo que quizás no se pueda defender solito; y así muchas situaciones parecidas suceden, y así cualquier pretexto es factible por la lucha del nunca desaparecer de la mente de los televidentes y productores de los diferentes medios de comunicación, porque algo si es cierto, si dejas de aparecer en televisión, te olvidan. Pero quizás uno que otro sea sincero ¿no? Uno nunca sabe, y las personas pueden tener bondad en su corazón y ayudar de verdadera gana en la más insospechada situación.
Por último y para terminar, como algún redundante profesor mío decía, por lo que en algún momento averigüé, las mencionadas trabajadoras, las que laboran en casas de clase alta, las que laboran para los habitantes del reino playero de Asia, son bien pagadas, y además hasta seguro tienen; no sé si de lo buena gente que son, porque no quieren que los abandonen (porque hay que reconocer que los que de ellas dependemos, sin ellas no somos nada muchas veces), o porque no quieren que reclamen y anden protestando por ahí. Así que explotación, al parecer, no hay, y si la hay, la considero deplorable, puesto que ellas hacen mucho por nosotros, y debemos ser agradecidos y tratarlas como se debe, si muchas veces hasta parte de nuestra familia son. He dicho, y a quién se dé por aludido, por algo será.
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